Desde abril, Nicaragua se ha visto sumida en la peor crisis de su historia desde el final de la guerra de guerrillas sandinista en la década de 1980 y el regreso de la democracia.

Después de una brutal represión, lo que fue solo una protesta contra la reforma de la seguridad social, se convirtió en un amplio movimiento popular que denuncia el autoritarismo, la violencia y la corrupción del régimen del presidente Daniel Ortega.

Con las últimas barricadas levantadas, el país ha entrado en una fase de ‘caza de brujas’ que reduce a miles de opositores a la clandestinidad y el silencio. Entre ellos, muchos exsandinistas que acusaron a Ortega de haber traicionado la revolución por la que habían luchado y transformar su poder en lo que él mismo ayudó a derrocar en 1979: una dictadura.